Sesión salvaje


(Nacho Vigalondo) Una película de éxito masivo en los setenta sería considerada una película de minorías a día de hoy: más... más extrema, más experimental, más difícil de ver. Hoy en día una película tiene que ser emocional en primer término para que el gran público se la coma con patatas, y eso me hace pensar que quizás el público de ahora es menos sofisticado que el público de los setenta.

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(Alex de la Iglesia) Yo lo comparo mucho con la desaparición del pop en la música. Antes era todo pop, de pronto desaparece y solamente hay música latina. Tú crees que eso corresponde a que de pronto la gente dijo "es cierto no me gustan los Beatles, a mí lo que me gusta es el reggaetón". ¿Tú crees que eso es así? Yo creo que ha habido un movimiento comercial brutal que ha hecho que una determinada música gane terreno, con el cine ha pasado lo mismo no?. Antes había un cine underground un cine mucho más loco...

(Nacho Vigalondo) Reconozco que hubo un momento en que llegó internet y hubo la posibilidad de descargarse cualquier película de cualquier época y en ese momento yo pensé que la gente iba a ser más cinéfila que nunca, y resulta que no.

(Miguel Ángel Vivas) Vamos a hablar de la película actual, de la de ayer ... cada día hay algo nuevo, algo nuevo, algo inmediato, y lo de ayer desaparece al momento

(Alex de la Iglesia) Ten en cuenta una cosa terrible: nadie echa en falta una cosa que no conoce. Y si tú no has disfrutado viendo locuras igual no echas en falta las locuras y lo único que quieres es ver constantemente cine mainstream.

Me ha gustado mucho el documental Sesión Salvaje sobre el cine de serie B en España y estas reflexiones finales con el eterno debate en torno a la calidad, la cultura de masas y el gusto del público. Que la combinación de estos tres elementos es posible pero en absoluto necesaria lo evidencia el propio muestrario de géneros y creadores: spaguetti Western, terror, destape, cine quinqui, Jesús Franco, Chicho Ibañez Serrador o incluso Almodóvar y Pilar Miró. A mí, salvo algo de Chicho, casi todo esto me pilló muy de refilón, por las muchas reposiciones de películas del Oeste y del destape que emitían cuando era niña, siendo la Serie B americana la auténtica reina del videoclub. Ozores, como Benny Hill, tenía su gracia con ese hablar murmurante e incomprensible, si bien nunca entendía por qué las señoras se quedaban continuamente en pelotas.

El intento de homenajear a un conjunto tan hetereogéneo obliga a dar algún que otro mortal con tirabuzón, como esa crítica al mainstream del hoy mientras se ensalzan los superventas el del ayer, sean Pajares y Esteso, sean los New Kids on the Block, que generaron la misma saturación de clónicos que el Trap.

Mi teoría al respecto es que El Público™ aguanta lo que le eches en tanto lo considere parte de lo que la Normalidad™ y de ahí la importancia de qué se promociona y qué no en las plataformas como Netflix, cuyo contenido, especialmente el no angloparlante, se limita a clásicos contemporáneos y series de producción propia que me recuerdan a todas aquellas películas de Pixar y series del Disney Channel que ví con mi hija mientras crecía: no podías decir que estuvieran mal hechas, pero no dejaban de ser mundos muy restringidos, destinados a un público de gustos también definidos y no particularmente necesitados de gran variedad. Ya podíamos seguir las cuitas de una videoblogger, una aspirante a actriz, una niñera o una familia de magos, en el fondo todos traían la misma sordina incorporada. Al final acababas deseando tener tiempo para otras cosas, y había que explicar a los amigos sin hijos que, sí, los dibujos de Perry el Ornitorrinco son una maravilla, pero la niña esta hoy con la abuela y como no cambies de canal te rajo.

Me parece muy bien traída la referencia a la desaparición del pop, quizás no el de los Beatles, pero prácticamente de todo el que vino detrás, en un fenómeno de amnesia colectiva alucinante que también parece haberse llevado por delante la guitarra como instrumento transversal que lo mismo le servía a Sepultura que a Estopa. Quizás esto explique alguna defensa de las bondades de la música de masas actual donde parece darse por hecho que el rock o incluso el heavy y el punk fueron en algún momento géneros mayoritarios en la España finisecular, hecho desmentido con un simple vistazo al histórico de los 40 Principales, Cachitos, los Pitufos Makineros o los grandes éxitos de gasolinera, ya ni os cuento a la Canarias de mi adolescencia, imperio del Gran Merengazo del Atlántico y cantón del multikulti musical desde 1993.

Cartel de la vigésima edición del festival 'Gran Merengazo del Atlántico' en 2013
El perreo mató la cumbia y la bachata, pero Armonía Show y El Gran Combo Dominicano vivirán por siempre en nuestros corazones.
Cartel del Festival WOMAD
'Oh, qué inusitado, un tío con rastas', dijo ningún canario nunca

Los rockeros por su parte estarán encantados con ese reconocimiento implícito de a qué genero pertenecen los temas que han sobrevivido el juicio del tiempo. Quién sabe, quizás estemos en ese punto donde cualquier capacidad de distinguirlos ha desaparecido de eso que llaman conocimiento del mundo, igual que muchos en Año Nuevo no sabemos diferenciar serenata de sinfonía, ópera o polka. Aquello es "música clásica" y ya está, los detalles son cosa de entendidos.

Mi padre, en una de esas conversaciones del género "vaya mierdas que oís ahora", a cuya tradición se incorpora este artículo, afirmaba en el 94 muy convencido que del dance en el futuro no se acordaría nadie, pero de los Creedence sí. La conversión de La Polla Records y Los Bingueros en alta cultura confieso que no la vimos venir.